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El Espíritu Santo – parte 1 Juan 14:16


1. Comparando las declaraciones de fe – La declaración número uno de fe adventista de 1889 publicada en el anuario de la conferencia general en la página 147 dice simplemente que el Espíritu Santo es un representante o representación de Dios, el Padre. En 1931 en el anuario se introdujo la doctrina de la trinidad, en donde se especifica que el Espíritu Santo es la tercera persona de la deidad o trinidad. En anteriores ediciones hemos visto que la doctrina de la trinidad fue introducida en el cristianismo hacia el año 325 durante el concilio católico de Nicea y que esta es una idea netamente católica que los pioneros adventistas no apoyaban y además denunciaban ser una infiltración en el Cristianismo al mismo tiempo cuando se introdujo otros errores a la iglesia primitiva como el domingo reemplazando al Shabat bíblico, la vida después de la muerte, el infierno y otras doctrinas de tradición pagana. Entonces entender el Espíritu Santo a la luz de la doctrina de la trinidad solo dejará un mar de dudas y tinieblas. La opinión generalizada en el cristianismo y adventismo está dividida entre los que creen que el Espíritu Santo es una Persona y los que creen que el Espíritu Santo no es una persona.


2. La explicación sencilla – El Espíritu Santo se haya ampliamente descrito en el capítulo 73 del libro “El Deseado de Todas las Gentes” (DTG). Basado en Juan 14 y 16. Allí aparece un texto en donde se describe al Espíritu Santo como la tercera persona de la deidad. La primera parte del párrafo dice: “El Espíritu iba a ser dado como agente regenerador, y sin esto el sacrificio de Cristo habría sido inútil. El poder del mal se había estado fortaleciendo durante siglos, y la sumisión de los hombres a este cautiverio satánico era asombrosa. El pecado podía ser resistido y vencido únicamente por la poderosa intervención de la tercera persona de la Divinidad, que iba a venir no con energía modificada, sino en la plenitud del poder divino.” (DTG Edición 1955, página 625, párrafo 1). En la carta 66 de 1899 también se afirma que el Espíritu Santo es una persona tanto como Dios (el Padre) es una persona (párrafo 11). Sin embargo, si es una persona, ¿quién es esta persona, y por qué no se la describe tan ampliamente como el Padre o el Hijo?


3. ¿Cuál persona? – La siguiente porción del párrafo que expusimos anteriormente continua con lo siguiente: “El Espíritu es el que hace eficaz lo que ha sido realizado por el Redentor del mundo. Por el Espíritu es purificado el corazón. Por el Espíritu llega a ser el creyente partícipe de la naturaleza divina. Cristo ha dado su Espíritu como poder divino para vencer todas las tendencias hacia el mal, hereditarias y cultivadas, y para grabar su propio carácter en su iglesia.” (DTG 625.1) Al analizar el cuadro completo de este párrafo nos damos cuenta de que el Espíritu está fuertemente vinculado a Cristo. En Juan 16 podemos ver que la venida del Espíritu Santo depende de y está condicionada a que Jesús vuelva a los cielos junto con su Padre (verso 7). Por otra parte, en Juan 14:17 dice que el espíritu Santo ya vive con los discípulos pero que a su vez en el futuro cercano estará en los discípulos. Por ahora podemos afirmar que el Espíritu Santo es una persona pero que procede de Cristo, está fuertemente vinculada a Cristo, vivía con los discípulos, estaría luego en los discípulos y Jesús la envía a su pueblo para vencer el pecado.


4. Despojado de la personalidad humana – En el mismo capítulo del Deseado hay otro párrafo que arroja más información: “El Espíritu Santo es el representante de Cristo, pero despojado de la personalidad humana e independiente de ella. Estorbado por la humanidad, Cristo no podía estar en todo lugar personalmente. Por lo tanto, convenía a sus discípulos que fuese al Padre y enviase el Espíritu como su sucesor en la tierra.” (DTG 622,4) Este texto fue repetido en dos ocasiones más, una en el periódico adventista “The Present Truth” de Reino Unido y otra en la carta 119 de 1895, en el párrafo 18; pero hay una gran diferencia que va a definir este hermoso misterio. Veamos: “Estorbado por la humanidad, Cristo no podía estar en todos los lugares personalmente; por lo tanto, fue para su beneficio que Él los dejara, fuera a su Padre y enviara al Espíritu Santo para que fuera su sucesor en la tierra. El Espíritu Santo es Él mismo, despojado de la personalidad humana, e independiente de la misma. Él se representaría a sí mismo como presente en todos los lugares por Su Espíritu Santo, como el Omnipresente” (Carta 119-1895, párrafo 18) (RH edición Reino Unido). (En letra realzada está la diferencia con DTG).


5. Es Cristo mismo – Esta frase es la que nos define quien es el Espíritu Santo, es una persona, pero no es otra persona aparte del Padre y del Hijo, es el mismo Hijo, pero solo en su naturaleza divina. Recordemos que Cristo vino a la tierra con dos naturalezas, una divina y una humana (7TI 50.4). El poder del Padre hace que la naturaleza divina de Cristo sea enviada a la tierra y así actúe como representante de su Hijo divino-humano que está en el cielo, es el Espíritu de su mismo Hijo. Si esto no se hubiese efectuado, la naturaleza humana de Cristo lo estorbaría al impedir que Él estuviese en todos los lugares al mismo tiempo. El Espíritu Santo es la manera en que Cristo puede volver a ser omnipresente (Manuscrito 138 de 1897, párrafos 20 y 21). No podemos ahondar en más de lo que esté revelado de este hermoso misterio, pero lo que sí sabemos es que el Espíritu Santo, el Consolador, el Espíritu de Cristo, se refieren a la misma persona en dos versiones diferentes, no es otra persona aparte del Padre y del Hijo (Carta 7 de 1891, párrafo 14).


6. Un versículo alterado – Como se ha visto, los pioneros adventistas no creían en el Espíritu Santo como tercera persona de la trinidad, ni siquiera creían en la trinidad porque no tiene sustento bíblico, tampoco entendían el Espíritu Santo como un mero objeto, la influencia o poder divino, ellos entendieron que el Espíritu Santo y Cristo son la misma persona. Hay un texto bíblico que demuestra que el Espíritu Santo y el Espíritu de Cristo son la misma persona, pero este versículo ha sido alterado en algunas biblias, dice lo siguiente: “Pasaron por la región de Frigia y Galacia, habiendo sido impedidos por el Espíritu Santo de hablar la palabra en Asia, y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió.” (Hechos 16:6,7, Biblia de las Américas). Compárese este texto con la Reina Valera y notará la diferencia. Romanos 8:9 también demuestra que “Espíritu”, “Espíritu de Dios” y “Espíritu de Cristo” se refieren a la misma persona. Así, cuando Jesús dice “otro consolador” se refiere a él mismo en su versión netamente divina (Juan 14:16). Nótese la pregunta que hace el discípulo Judas Tadeo (14:22) conéctese con el verso 17 y se verificará que él estaba hablando de Cristo mismo.


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