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El Espíritu Santo – parte 2 Juan 14:16


1. Un hermoso misterio – No es esencial para nosotros ser capaces de definir con precisión qué es el Espíritu Santo (HAp 42.3), siempre habrá preguntas sin contestar que nuestras mentes finitas no pueden comprender (Juan 16:12), pero lo que si está revelado es quién es este maravilloso ser. El Espíritu Santo es el mismo Jesús en su versión netamente divina (Carta 7 de 1891, párrafo 14). De la misma forma, en la biblia dice que el Espíritu es el mismo Señor (2 Corintios 3:17) y que el Espíritu o Espíritu de Dios o Espíritu de Cristo se refiere esencialmente a lo mismo y es la forma como Jesús puede llegar a habitar en los corazones humanos (Romanos 8:9,10). Podemos entonces afirmar que tenemos un sumo sacerdote en el cielo y un Espíritu Santo en la tierra, los dos son la misma persona, los dos interceden (Hebreos 8:1,2) (Romanos 8:26,34).


2. Preguntas sin respuesta – Si el Espíritu Santo fuera otra persona aparte de Jesús y del Padre entonces ¿dónde estaría su trono?, sabemos que el Hijo está sentado a la derecha en el trono de su Padre (1 Pedro 3:22) (Apocalipsis 3:21), pero en ninguna parte de la Biblia o el Espíritu de Profecía se habla del trono del Espíritu Santo o algo equivalente. En el capítulo 1 de Patriarcas y Profetas o en Historia de la Redención, se relata la historia del origen del mal, también se mencionan los concilios divinos, preguntamos: ¿dónde aparece el Espíritu Santo en los relatos del origen del mal? En la oración modelo de Jesús, ¿dónde está el Espíritu Santo?, en las visiones de la nueva Tierra de Juan y Ellen White, ¿dónde aparece el Espíritu Santo?, Esta y otras preguntas son difíciles o imposibles de contestar cuando se tiene un concepto trinitario de la deidad, pero cuando se entiende que Jesucristo mismo es el Espíritu Santo, todo cobra un sentido lógico.


3. Cuerpo y espíritu – Nosotros somos cuerpo y espíritu (Génesis 2:7), nuestro cuerpo está formado por carne y sangre, con los componentes del polvo de la tierra y nuestro espíritu es la porción de aliento de vida que nos dio Dios para vivir (Job 33:4) (32:8). Todo lo que respira tiene una porción de espíritu dado por Dios, incluyendo los animales (salmo 104:25-30). Cuando morimos nuestro espíritu vuelve al Creador (Eclesiastés 12:7) y no podemos controlarlo para que se quede en nuestro cuerpo ni para que salga de nuestro cuerpo mientras estamos vivos (8:8). Los demonios engañan a las personas haciéndoles creer que pueden sacar su espíritu de su cuerpo y ponerlo a volar, esto se conoce en el espiritismo como “desdoblamiento”, pero es una ilusión ya que el espíritu de las personas le pertenece a Dios, Él es el “Dios de los espíritus” (Números 16:22) (Hebreos 12:9). Inclusive los ángeles del cielo son llamados “espíritus ministradores” (Hebreos 1:14), y los ángeles malvados son llamados “espíritus inmundos” (Marcos 1:27) (3:11). ¿El Padre y el Hijo tienen espíritu?, por supuesto y no cualquier espíritu, es un poderoso Espíritu que escribimos con “E” en mayúscula para diferenciarlo de los demás espíritus, “Dios es Espíritu” (Juan 4:24). Pero además el Padre y el Hijo son personas, tienen una apariencia física (Primeros Escritos, primer capítulo 10, párrafo 1), fuimos creados originalmente a la imagen y semejanza de ambos, aunque ellos originalmente no hayan sido de carne y sangre como nosotros (Génesis 1:26). En el Hijo está la vida de todo hombre, esa vida es la luz de todo hombre (Juan 1:4). Su Espíritu es el que da vida (Juan 6:63), preguntamos: ¿Quién dio vida a Jesús cuando vino a la Tierra?, Él mismo, su santo espíritu.

4. Cristo en dos versiones – Vayamos al momento de la primera venida de Cristo a la Tierra descrita en Lucas 1:35 por el ángel Gabriel. Allí dice que el Espíritu Santo vendría sobre María, ese es Cristo mismo en su naturaleza netamente divina. El Padre a su vez diseñaría un cuerpo para la versión humana de su Hijo (Hebreos 10:5). Y el Santo ser que se engendraría en María sería un Jesús con una naturaleza dual, divino-humana (7TI 50.4). El Espíritu de Cristo tiene vida en sí mismo, por lo tanto, no podía ser destruido, es eterno (Juan 5:26). Aunque Cristo viniera en forma humana a la Tierra, su Santo Espíritu seguiría intacto y seguiría obrando como obró en Juan el Bautista desde que estaba en el vientre de su madre Elizabeth (Lucas 1:39-41). En la infancia de Cristo y hasta los 30 años, el Espíritu Santo estaría junto a sí mismo en su versión humana enseñándole y recordándole quien es Él y su misión en la Tierra, hasta el momento en que es bautizado, momento en el cual el Espíritu de Cristo se manifiesta en forma visible a través de una paloma y el Mesías es lleno de su propio Espíritu, se completa entonces su formación para el inicio de su ministerio (Lucas 3:21,22) (4:1) (4:14).


5. El poder del Espíritu Santo – Hemos mencionado que nosotros no tenemos la capacidad de sacar nuestro espíritu del cuerpo y enviarlo a otra parte, pero Dios si puede hacer esto con el Espíritu de su Hijo, ha sido enviado a la Tierra y tan poderoso es el Espíritu de Jesús que se presenta como otra persona (Gálatas 4:6) (Juan 14:16,17) (15:26). Cuando Jesús se hace hombre, recibe un espíritu como el nuestro, por eso sintió lo mismo que nosotros, se estremeció, se conmovió como nosotros (Juan 11:33) (13:21) y fue tentado como nosotros (Hebreos 2:18) (4:15), pero a su vez tenía su santo Espíritu (Lucas 4:1). En total, Jesús llegaría a tener siete espíritus y uno de ellos es el Santo, el de Jehová, pero los otros seis espíritus también son santos pues Cristo murió sin pecado (Isaías 11:1,2) (Apocalipsis 3:1) (4:5) (5:6). Cuando Jesús muere en la cruz del calvario, sus espíritus humanos vuelven a Dios (Eclesiastés 12:7) pero su santo Espíritu va a predicar a los espíritus encarcelados, a los demonios, a anunciar su victoria sobre la muerte (1 Pedro 3:18-20). Él se ofreció a sí mismo mediante el Espíritu (Hebreos 9:14). Llega el momento de la resurrección, ¿quién levanta a Jesús de los muertos?, Él mismo, su santo Espíritu, pues el Padre le dio la potestad de poner su vida y volverla a tomar (Juan 10:17,18). Aquí vemos que el Espíritu Santo tiene autonomía, tiene vida en sí mismo, y su voz es la que despertará a los muertos en el día de la resurrección (Juan 5:25,26) (Ezequiel 37:1-14).


6. La obra del Espíritu Santo – Un poder como el del Espíritu Santo, ¿no será capaz de convencer del pecado a un alma para llevarla al arrepentimiento? (Juan 16:7-9), es capaz, pero el ser humano se resiste, aunque el Espíritu Santo interceda con gemidos indecibles por esta alma (Romanos 8:26). Este es el único pecado imperdonable, resistir a la influencia del Espíritu Santo (Marcos 3:28-30). El Espíritu Santo es quien transforma el carácter y nos hace idóneos para el cielo (1MS 475); eleva nuestros gustos, santifica la mente y ennoblece a todo hombre (451). Tenemos dos intercesores, Cristo en el santuario y el Espíritu de Cristo en la tierra (1MS 403.2). El Espíritu de Cristo será dado a los creyentes, es el sello de Dios y la garantía de nuestra herencia (Efesios 1:13,14) (Apocalipsis 7:3,4) (14:1). Se recomienda leer capítulos 34, 35, 36 y 52 de Mensajes Selectos, Tomo 1.


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