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El Milenio Apocalipsis 20:1-4


Que la doctrina de la conversión del mundo y un milenio temporal es una fábula de estos últimos días, pensada para calmar a los hombres en un estado de seguridad carnal y hacer que sean alcanzados por el gran día del Señor que será como ladrón en la noche (1 Tes. 5: 3); que la segunda venida de Cristo precede y no sigue al milenio; porque hasta que aparezca el Señor, el poder papal, con todas sus abominaciones, va continuar (2 Tes. 2: 8), el trigo y la cizaña crecen juntos (Mat. 13: 29, 30, 39), y los hombres malvados y seductores se volverán cada vez peor, como lo declara la palabra de Dios. 2 Timoteo 3: 1, 13.

(Declaración de fe número 8 de los Adventistas del Séptimo día, publicado en el Anuario de 1889, Pág. 147)


1. Eliminada en 1931 – Algunas denominaciones religiosas piensan que vendrá una época de paz, prosperidad y progreso que durará mil años. Los mismos judíos piensan que en Jerusalén habrá un tiempo cuando el mesías establecerá su reino. Pues bien, la declaración antigua de los pioneros adventistas decía que esto es una fábula, otro engaño más del enemigo de las almas con el único propósito de calmar las conciencias de los hombres. Esta declaración fue eliminada en el conjunto de declaraciones de fe oficiales de la iglesia adventista en 1931.


2. Un reino terrenal o un reino celestial – Desde la primera venida de Cristo se pensaba que el Mesías establecería un reino terrenal cuya capital era Jerusalén, los líderes de la época pensaban que Jesús, por ser el descendiente del Rey David, arrebataría el cetro al imperio romano y establecería su reino con el pueblo hebreo. Lejos de la realidad, Jesús aclaró en primera instancia que su reino no era de este mundo y se lo dijo al propio gobernador romano Poncio Pilatos (Juan 18:36). Es cierto que los santos del altísimo heredarán el reino de los cielos, pero esto será después de una gran persecución y de un gran juicio para extirpar el mal en la tierra (Daniel 7:25-27).


3. Primero hay que eliminar el pecado – ¿Quién morará con el fuego consumidor?, ¿quién habitará con las llamas eternas? El que camina en justicia y habla lo recto; el que aborrece la ganancia de violencias, el que sacude sus manos para no retener soborno. el que tapa sus oídos para no oír propuestas sanguinarias; el que cierra sus ojos para no ver cosa mala; este habitará en las alturas… Tus ojos verán al Rey en su hermosura (Isaías 33:14-17). Después de leer el anterior pasaje de la escritura queda en claro que el Padre celestial que habita los cielos y el Hijo del Altísimo son santos y sin mancha, ellos no podrían establecer un reino en esta tierra llena de pecado en todas sus formas. Hay condiciones como se expresa en el texto de Isaías y se resumen en que el reino del Mesías no puede establecerse hasta que sea erradicado el pecado de todo el planeta. El pecado es la transgresión de la Ley de Dios (1 Juan 3:4). Un Dios santo jamás podría vivir en un mundo en transgresión con su santa Ley. Jesús vino a la tierra por primera vez para darnos la limpieza de los pecados, es decir eliminar el pecado de nuestra vida para todo aquel que quiera tener entrada futura en su reino de gloria; debemos vencer el pecado con su poder, ese es el requisito (1 Juan 1:7) (Apocalipsis 21:7).

4. Primero se debe eliminar a los impíos – No puede haber un reino de paz, si el pecado persiste. El origen de todas las desgracias humanas es el pecado, es decir, la transgresión de la Ley de Dios. ¿Cómo podría existir un reino donde no haya más llanto ni clamor ni dolor si siguieran existiendo los homicidas, los fornicarios, idólatras, mentirosos y demás impíos? (Apocalipsis 21:4, 8) La palabra es clara mencionando que ninguno de nosotros en la condición de impíos podremos entrar en el reino de Dios, porque Jesús ha dado el remedio a todos estos males, y no aceptar el remedio es querer seguir siendo impío (Romanos 5:6-8). Todos aquellos impíos que no quisieron aceptar el llamado de amor del Señor Jesús tendrán que ser eliminados, no van a ser atormentados eternamente como algunos creen, porque todo será destruido con fuego (2 Pedro 3:7). Dios no se goza con el sufrimiento del impío (Ezequiel 33:11).


5. El jinete del caballo blanco – En Apocalipsis 19:11-21 se narra la escena de castigo que el mismo Rey de Reyes junto con su ejército propina contra los impíos. La bestia que es el poder papal es apresada, el falso profeta que representa el protestantismo apóstata y a su vez el falso mesías, es apresado junto con la bestia, ambos entes son lanzados en un lago de fuego. Los demás impíos son destruidos con la espada que sale de la boca del Señor. Esta espada no es literal, es un símbolo de su palabra (Hebreos 4:12). Desde luego los impíos no esperan con alegría al Señor Jesús, sino que lo reciben con sus ejércitos y sus armas instigados por los ángeles malos (Apocalipsis 16:13,14,16). Esto es lo que se conoce como la batalla de Armagedón.

6. El jinete del caballo blanco – La escena de apocalipsis 19 no describe el castigo para Satanás, quien es el originador del pecado, pero la continuación de esta escena se encuentra en apocalipsis 20. Allí se describe que Satanás es encadenado durante mil años (20:1,2). Satanás además es arrojado al abismo que es la prisión para los ángeles caídos que traspasan los límites (Lucas 8:31). El abismo será todo el planeta en desolación y será la cárcel para todos los ángeles caídos (Isaías24:22) (Judas 1:6). Adicional a esto, se describe que se coloca un sello sobre satanás para que no engañe más a “las naciones” durante estos mil años. La frase “las naciones” se refiere a los planetas no caídos, satanás no podrá incomodarlos (CS 717.1).


7. Los salvos – Durante los mil años la Tierra estará en completa desolación y destrucción (Isaías 24:3-5). Los que defienden un reinado de un mesías en la tierra, cuya capital es la actual Jerusalén, usan las profecías que tienen que ver con la tercera venida de Cristo, no con la segunda y ahí radica la confusión. La biblia dice que después de los mil años “satanás será suelto de su prisión” y además que saldrá a engañar nuevamente durante un corto periodo de tiempo para reunir a los pueblos resucitados a una nueva batalla (Apocalipsis 20:3,7-9). La Jerusalén a la que se hace mención en textos de Isaías y otros se refiere a la Jerusalén celestial, “la nueva” (Apocalipsis 20:9) (21:2). Si Jesús fuera a establecer un reino en la actual Jerusalén, entonces ¿para qué se necesitaría “una nueva”, ciudad, una celestial? Hay un gran peligro con este pensamiento y es que el falso mesías si puede cumplir esta falsa profecía y cuando venga establecer su trono en la actual Jerusalén para engañar al mundo entero (2 Tesalonicenses 2:9) (Apocalipsis 13:13).


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