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El Nuevo Nacimiento Juan 3:3


“Que el nuevo nacimiento comprende todo el cambio necesario para ser aptos en el reino de Dios, y consta de dos partes; primero, un cambio moral producido por la conversión y una vida cristiana (Juan 3: 3, 5); segundo, un cambio físico en la segunda venida de Cristo, por el cual, si estamos muertos, somos resucitados incorruptibles y, si vivimos, somos cambiados a la inmortalidad en un momento, en un abrir y cerrar de ojos. Lucas 20: 36; 1 Corintios 15: 51, 52.” (Declaración de fe número 5 de los Adventistas del Séptimo día, publicado en el Anuario de 1889, Pág. 147)

“Que cada persona para obtener la salvación debe experimentar el nuevo nacimiento; que esto comprende una transformación completa de la vida y carácter por el poder recreativo de Dios a través de la fe en el Señor Jesucristo. Juan 3:16; Mateo 18: 3; Hechos 2: 37-39. “(Declaración de fe número 4 de los Adventistas del Séptimo día, publicado en el Anuario de 1931, Pág. 377)


1. Consta de dos partes – La declaración de fe del nuevo nacimiento fue modificada en 1931 como se aprecia en los párrafos anteriores y se eliminó la parte más trascendental la cual explica claramente que el nuevo nacimiento comprende dos partes: la primera es una transformación del carácter que se realiza en esta vida mientras estamos en esta tierra, y la segunda es una transformación del cuerpo que se realiza en el momento en que el Señor Jesús viene por segunda vez. Debemos tener muy claro que la muerte no produce cambio alguno en el carácter, ni tampoco el carácter es transformado en la segunda venida de Cristo (Testimonios para la iglesia, tomo 2, página 441, párrafo 2).


2. El que no naciere de nuevo no podrá ver el reino de Dios – Esta declaración la hizo el Señor Jesús a Nicodemo y es una advertencia para los que vivimos en los últimos días (Juan 3:3). Las prácticas y ritos religiosos no son aceptados ante Dios si no se experimenta una transformación moral del individuo mientras vivimos en esta tierra. El evangelio exige obediencia de corazón a la Palabra de Dios y sacrificio para someter el Yo (Lucas 9:23), y si no somos transformados, nunca podremos obedecer los requerimientos divinos por nuestra cuenta, tendremos una religión de hipocresía (HAp 309.4).


3. Nacer del agua y del Espíritu – Recordemos que el nuevo nacimiento se compone de dos partes; cuando Jesús habla con Nicodemo se refiere a la primera parte. Jesús también dice que esta primera parte consiste a su vez en dos fases: nacimiento del agua y del Espíritu (Juan 3:5), es decir, se refiere al bautismo de agua y del Espíritu santo (Lucas 3:16). Recordemos que el Espíritu Santo es el mismo espíritu de Cristo, pues Jesús mismo es el que puede obrar esta transformación del carácter en el individuo, es un proceso progresivo donde nuestros corazones son purificados, nuestras mentes renovadas, recibimos aptitud para conocer y amar a Dios. Con la transformación que obra Cristo en nosotros podremos obedecer espontáneamente a todos sus requerimientos, es decir, no será una pesada carga la obediencia. Nuestra parte consiste en cooperar con Cristo sometiendo nuestro ego, nuestros gustos, nuestros ídolos, y nuestras inclinaciones carnales, muriendo al yo cada día (Mateo 16:24) (10:38) (11:29,30).

4. El bautismo de la pascua – La celebración de la pascua del Señor es como un pequeño bautizo, hay preparación del alma, hay agua, hay confesión, hay perdón. La pascua nos lava continuamente y mantiene fresca en la memoria las escenas de la pasión y muerte de nuestro Señor Jesús, también conmemoramos nuestro primer bautismo (PE 216.3) (245 en ed. moderna). Por medio de este rito somos renovados y limpiados continuamente, por lo tanto, si no experimentamos transformación verdadera y abandono del pecado entonces algo está fallando en nuestra relación con Dios. No puede haber verdadera conversión sin abandono del pecado (FO 23.2).


5. El bautismo del Espíritu – Cristo ilustró por medio del viento la obra de su Espíritu Santo (Juan 3:8). Esta ilustración quiere decir que la transformación que experimentamos en el carácter es progresiva, no es instantánea y a veces imperceptible, pero esto no quiere decir que descuidemos la vigilancia de nuestra conducta y sintamos que esta obra no tiene que ver con esfuerzo alguno de nuestra parte. Debe haber de nuestra parte continua oración, estudio de la palabra, meditación y asistencia a los servicios religiosos, no para ganar el favor de Dios, sino para subyugar nuestra voluntad a la voluntad divina, la conversión repentina no existe, es el resultado de una larga intercesión del Espíritu, es una obra paciente y larga (DTG 143.4)


6. Los dos grupos – ¿Cómo vigilar nuestra conducta? Hay dos grupos de males que debemos abandonar completamente en nuestra experiencia de transformación moral, los encontramos en Colosenses 3:5, 8. Vamos a listar estos males de su significado en griego, el primer grupo lo conforma: La prostitución (fornicación), la impureza, la pasión, los deseos malignos, y la avaricia que es una forma de idolatría. El segundo grupo lo conforma la ira (pasión violenta), la furia, la malicia (depravación), la blasfemia y la conversación obscena. A cambio el Espíritu de Cristo debe producir en nosotros compasión, piedad (devoción a las cosas santas), bondad, humildad, mansedumbre y paciencia (vers. 12). Alternativamente, dos listas muy completas se pueden encontrar en Gálatas 5:19-25 descritas como las obras de la carne y los frutos del Espíritu. Estas listas deben estar muy pendientes en nuestra vida para hacer una autoevaluación continua.


7. La transformación del cuerpo – Pablo habla de la transformación de la carne y la sangre, es decir, la parte física (1 Corintios 15:50), muchos se confunden en este punto pensando que Pablo también habla de la transformación del carácter en este pasaje, pero esto es un error como se puede apreciar en el versículo 50. En la segunda venida de Cristo sufriremos la primera transformación del cuerpo ya sea en la resurrección o en vida para los que estén vivos en ese momento. Esta transformación será instantánea (15:51,52). Los que son resucitados salen con la misma estatura física con la que murieron (y también la estatura espiritual). Todas las imperfecciones y deformidades son eliminadas. Durante los 1000 años comeremos del árbol de la vida y seguiremos creciendo físicamente, en este sentido esta transformación del cuerpo también tiene dos fases, la primera cuando el Señor venga y la segunda ocurre durante el milenio (Conflicto de los Siglos 702.2 ó 627) (Apocalipsis 20:4) (21:1,2) (22:2).


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