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El Padre Juan 6:44


“Que hay un solo Dios, un ser personal, espiritual, el creador de todas las cosas, omnipotente, omnisciente y eterno; Infinito en sabiduría, santidad, justicia, bondad, verdad y misericordia; Inmutable, y presente en todas partes por su representación, el Espíritu Santo. Salmo 139:7” (Declaración de fe número 1 de los Adventistas del Séptimo día, publicado en el Anuario de 1889, Pág. 147).


“Que la Divinidad, o Trinidad, consiste en el Padre Eterno, un Ser personal, espiritual, omnipotente, omnipresente, omnisciente, infinito en sabiduría y amor; el Señor Jesucristo, el Hijo del Padre Eterno, por medio del cual todas las cosas fueron creadas y por medio de las cuales se logrará la salvación de las huestes redimidas; El Espíritu Santo, la tercera persona de la Deidad, el gran poder regenerador en la obra de redención. Mateo 28:19.“ (Declaración de fe número 2 de los Adventistas del Séptimo día, publicado en el Anuario de 1931, Pág. 377)


1. La doctrina de la trinidad no es bíblica – Como se puede apreciar, el mayor cambio en la doctrina adventista vino en 1931 cuando se introdujo el concepto de la trinidad, el cual es un concepto que no aparece en la biblia ni en el Espíritu de Profecía. El pastor pionero John Loughborough nos cuenta que esta doctrina se introdujo en el cristianismo en el año 325 en el concilio de Nicea por los católicos primitivos y no era un concepto nuevo, es una doctrina babilónica remodelada, se introdujo en la misma época en que se introducía también la adoración de imágenes y la observancia del domingo (RH, 5 Nov, 1861, p. 184). El pastor pionero James White (esposo de la profeta del Señor) nos dice que la doctrina de la trinidad desecha la verdadera personalidad de Dios y de su Hijo Jesucristo (RH, 11 Dic 1855, p. 85). Una de las razones por la cual Joseph Bates nunca se unió con toda su familia a la iglesia congregacional fue por causa de la enseñanza de la trinidad (Autobiografía, 1868, p. 204). El predicador Joseph Waggoner, el mismo de la justificación por la fe de 1888, expone que negar la enseñanza de la trinidad no equivale a negar la divinidad de Cristo ni a negar la eficacia de la expiación de Cristo (La expiación a la luz de la naturaleza y la revelación, p. 164, 165). John Andrews expone el hecho de que la doctrina de la trinidad destruye la personalidad de Dios y de su Hijo Jesucristo y además fue impuesta a la fuerza por el catolicismo primitivo (RH, vol. 6, No 24, pág. 185). La enciclopedia Americana dice que el trinitarismo del siglo IV no reflejó con exactitud la enseñanza del cristianismo primitivo respecto a la naturaleza de Dios; manifestó al contrario un desvío de esta enseñanza (Edición 1956, Tomo XXVII, pág. 294L).


2. Un cambio profetizado – La mensajera del Señor advertía contra las teorías erróneas que se estaban tratando de introducir en la iglesia adventista con respecto al santuario y la personalidad de Dios y de Cristo, dice que estas enseñanzas falsas introducen incertidumbre y deja al pueblo de Dios sin ancla, a la deriva (Recibiréis Poder, p. 237) (Manuscrito 62, 1905). Esto se cumplió en 1931 con la introducción de la doctrina católica de la trinidad o del Dios “triuno” que es lo mismo. El espíritu de profecía es enfático en afirmar que hay un solo Dios personal, el Padre y un Cristo personal, el Hijo (1 MS 344.2). Cuando en la biblia en el nuevo testamento y en el Espíritu de profecía se usa la palabra “Dios” se refieren exclusivamente al Padre.


3. Un solo Dios – “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3). Esta frase la dijo nuestro Señor Jesús y deja en claro que el único Dios verdadero es su Padre. El apóstol Pablo también deja en claro que tenemos un Dios, el Padre; y un Señor, Jesucristo (1 Corintios 8:5,6). Nótese que se usa un título para el Padre y un título diferente para el Hijo; con esto no se está negando la naturaleza divina de Cristo ni su preexistencia, se está estableciendo un orden que es bíblico; es de recordar que nuestro Señor Jesús afirmó que su Padre es mayor que Él (Juan 14:28). Al Padre nadie le vio jamás (Juan 1:18), pero su Hijo es quien lo revela. Por medio de Jesús, conocemos también al Padre (Juan 14:8-11), cuando Jesús dice que el Padre está en Él no se refiere a una fusión de substancia como trata de explicar la doctrina de la trinidad, lo que está diciendo es que ellos dos son uno en naturaleza, carácter, y propósito (PP 11).


4. El Padre Eterno – En el principio creó el Padre, los cielos y la tierra (Génesis 1:1), y sabemos que el Hijo Jesucristo estaba ordenándolo todo con su Padre (Proverbios 8:26-30). Cuando se iba a crear al hombre, el Padre dijo “hagamos” en plural, se evidencia que no estaba solo (Génesis 1:26). En general el Padre es designado en el antiguo testamento como “Dios”, como “Jehová Dios” o como “Altísimo”, el Hijo es identificado como “Jehová de los Ejércitos” (Salmo 24:10) o el “Ángel de Jehová” (Éxodo 23:20) (Salmo 34:7). Nótese que ambos tienen el mismo nombre: “Jehová” o “Yahvé”. En una ocasión Moisés pidió ver la gloria del Padre, se le concedió parcialmente y tanto el Padre como el Hijo estuvieron a su lado, uno de ellos alabó y dos veces se nombra “Jehová”, uno para el Padre y otro para el Hijo (Éxodo 34:6). Moisés solo pudo ver la espalda del Padre (Éxodo 33:18-23), pero hablaba cara a cara con nuestro Señor Jesús (Éxodo 33:11). Una vez Elena preguntó al Señor Jesús si su Padre tenía la misma forma como él, Jesús contestó positivamente, pero le dijo que si llegaba a contemplar la gloria del Padre ella dejaría de existir (PP62 54.1).


5. El Consejo de Paz – La lucha más difícil que el Padre ha tenido que enfrentar fue cuando el hombre cayó en pecado y su Hijo intercedió por la raza caída, “mucho tiempo duró aquella misteriosa conversación”, se efectuaría por primera vez una separación entre el Padre y el Hijo cuando Jesús tomara sobre sí el pecado del hombre. Para el Padre fue muy duro conceder a su único Hijo en sacrificio expiatorio para la salvación del hombre (PP 48,49) (PE62 127.1) (Zacarías 6:13). Pero aún hay más, en el momento en que el Hijo tomara la naturaleza caída del hombre, revestiría su naturaleza divina de una naturaleza inferior, quedando para siempre con dos naturalezas, la naturaleza divina y la naturaleza humana (1 MS 289.3). Esto le quitaría el título de “Dios” y se le daría el título de “Señor”. Por esta razón dice Juan: “El Verbo era Dios” o “fue Dios” (Juan 1:1), Pablo también menciona este hecho maravilloso, de que Jesús no se aferró ni siquiera a su propia naturaleza, sino que por amor a nosotros “se despojó” del hecho de “ser igual a Dios”, y se hizo semejante a los hombres, humillándose hasta la muerte en la cruz (Filipenses 2:5-8) (HAp 268.1). El Padre accedió a todo esto y más por amor a nosotros, para que por medio de su amado Hijo seamos adoptados como sus hijos (1 Juan 3:1).


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