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El Pentecostés de los 144.000 Efesios 1:13

Actualizado: 18 de jun de 2019


1. El Espíritu y el espíritu – El ser humano fue creado con dos componentes: materia y espíritu. La materia fue tomada de la tierra y el espíritu lo entregó Dios de su propio Espíritu cuando sopló el aliento de vida al hombre (Génesis 2:7). Cuando el hombre muere, cada componente vuelve a su lugar de origen, la materia vuelve a la tierra y el espíritu vuelve a Dios (Eclesiastés 12:7). Los ángeles son criaturas distintas, Dios no les dio directamente parte de su Espíritu, en cambio el espíritu de ellos es creado (Hebreos 1:7) y no tienen cuerpo físico, aunque tienen la capacidad de materializarse (Hebreos 1:14) (Génesis 19:15,16). El Padre celestial es totalmente Espíritu (Juan 4:24) y Jesús una vez lo fue también, pero por amor a nosotros se hizo carne, es decir adquirió nuestra propia naturaleza física, pero conservó su Espíritu (Juan 1:14) (Lucas 1:35). Generalmente cuando la biblia se refiere al espíritu del hombre la palabra aparece en minúscula y cuando se refiere al Espíritu de Dios aparece en mayúscula inicial.


2. La forma del espíritu El espíritu que nos dio el Señor es altamente sensible por naturaleza, ha sufrido grande deformación por causa del pecado y Dios siente cada vez que dañamos su espíritu en nuestro cuerpo (Génesis 6:3), por tener una infinitesimal parte del Espíritu de Dios estamos conectados íntimamente con Dios y todo lo que afecta a nuestro espíritu lo afecta a Él y viceversa (Génesis 6:6). El espíritu se angustia (Job 7:11), el espíritu desmaya (Salmo 77:3), el espíritu es reflexivo (77:6), el espíritu se preocupa (Daniel 2:3), el espíritu puede estar dispuesto a lo bueno, pero la parte física lo limita (Mateo 26:41). El espíritu se fatiga (2 Corintios 2:13). El espíritu puede ser renovado (Salmo 51:10). Los espíritus malos son los ángeles caídos que se rebelaron en el cielo (Efesios 6:12). Un espíritu de un humano o un ángel malo puede influenciar a otro (1 Reyes 22:20-22). Es posible que muchos espíritus coexistan a la vez en un mismo cuerpo (Mateo 12:43-45). Así como nuestro cuerpo físico tiene una forma particular, el espíritu también tiene una forma que puede variar imperceptiblemente todos los días, esta forma actual del espíritu es la que llamamos el carácter (El Colportor Evangélico 62.6).


3. La forma del Espíritu El Espíritu de Dios tiene la forma más perfecta posible, puesto que el carácter de Dios es santo, tan santo que físicamente se ve como fuego consumidor (Deuteronomio 4:24) (Isaías 33:14). Como el carácter de Dios es indeformable, invariable, es el mismo ayer, hoy y siempre entonces hablar del Espíritu de Dios es hablar de su carácter, son sinónimos, por eso Dios se presenta ante Moisés como el YO SOY (Hebreos 13:8) (Éxodo 3:14) (RH, Julio 28 de 1891, párrafo 9). El Espíritu de Dios es el poder más alto del universo (Signs of the Times, septiembre 4 de 1893, párrafo 7). Este poder fue el que puso el planeta Tierra a rotar y mantiene la dinámica del espacio y el tiempo (Génesis 1:2) (Colosenses 1:17). Desde luego el Espíritu de Dios también puede materializarse y tomar la forma, por ejemplo, de una mansa y aparente débil paloma (Juan 1:32). Como nuestro espíritu si es deformable todo el tiempo y se va degradando por causa del pecado, necesitamos de un espíritu superior para renovar el nuestro constantemente, este es el Espíritu de Dios que se ha prometido para todo creyente (Juan 14:26).

4. El sello de Dios Los sellos tienen una forma definida, por lo general llevan el logo y nombre de quien lo emite, sirven para marcar un objeto y por el sello se sabe de quien es propiedad un objeto o documento. El sello de Dios es su Espíritu Santo (Efesios 1:13), tiene una forma definida que es su carácter como lo describimos en el punto anterior. Cuando Dios sella algo o alguien con su carácter, le imprime la forma de su santidad y lo constituye de su propiedad. El sello de Dios fue colocado sobre la puerta del arca de Noé cuando fue cerrada por la mano Divina (PP 86.2). La circuncisión fue la evidencia física del sello de Dios que recibió Abraham por la fe que tuvo en la promesa de Dios (Romanos 4:11). Satanás tenía el sello de la perfección cuando fue creado, pero después se rebeló (Ezequiel 28:12). El cuarto mandamiento contiene el sello de Dios para toda su Ley (6TI 352.2) (Ezequiel 20:20). Los Testimonios escritos por la profetisa del Señor para el último tiempo llevan el sello de Dios (1TS 243.1).


5. El sellamiento a los apóstoles Cuando el sello de Dios es puesto sobre las personas ocurre lo más maravilloso que pueda experimentar un ser humano, porque la forma del carácter de Dios es impresa en la mente de la persona, así como un sello; como un implante, el Espíritu de Dios es puesto en la parte frontal del cerebro y de esta forma el Espíritu habita en el ser humano. En un mismo cuerpo llegan entonces a habitar dos espíritus, el que Dios nos dio y una generosa porción del Espíritu de Dios. Esto fue lo que experimentaron los apóstoles en el día de Pentecostés y como evidencia física de ese milagro, se aparecieron lenguas de fuego sobre sus cabezas (Hechos 2:1-21). La iglesia apostólica experimentó el sello de Dios (Efesios 1:13) (4:30) (2 Corintios 1:22). A este importante evento se le conoce como la lluvia temprana y está profetizado que llegará una lluvia tardía que será aún más poderosa (Joel 2:23).


6. El sellamiento de los 144 mil Hay una condición para recibir el Espíritu Santo en la lluvia tardía, y es preparar nuestro espíritu para que pueda cohabitar con el Espíritu de Dios, por esta razón el sello de Dios nunca será puesto sobre un carácter manchado por el pecado, el carácter del espíritu nuestro debe ser perfecto para ese entonces y nuestro cuerpo también deberá estar en óptimas condiciones, todos nuestros pecados deberán estar borrados y vencidos (1TS 187.1) (189.1) (1JT 65.3). Tampoco será puesto el sello de Dios sobre aquellos que guarden el Shabat pero que sus obras no correspondan con la luz que les fue dada, aunque el Shabat mismo sea el sello de la Ley de Dios (186.2). Nuestro espíritu es visto como un molde para recibir el sello de Dios, si en el día del Pentecostés final cuando se derrame la lluvia tardía ese molde no es el celestial, no podrá ser colocado el sello de Dios (188.4). Cuando se promulgue la Ley dominical se evidenciará quien trabajó amoldando su espíritu para recibir el poderoso Espíritu de Dios. Esta es la experiencia de los 144 mil sellados (Apocalipsis 14:1-5). Los 144 mil tendrán en sus frentes el sello de Dios, es decir el Espíritu del Padre y del Hijo viviendo en sus mentes (Juan 14:23). Este sello preparará al pueblo para enfrentar el fuerte pregón y el gran tiempo de angustia cual nunca fue (3TS 53.1).



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