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Jacob y la Justificación Génesis 25:19-33


1. Nacimiento de Jacob – Isaac, el hijo prometido por Dios a Abraham y Sara se casó con Rebeca a la edad de 40 años, esto fue tres años después de la muerte de su madre Sara (Génesis 17:17) (21:5) (23:1). Rebeca la esposa de Isaac también fue estéril al igual que Sara, pero Isaac le pidió al Señor que su esposa pudiera concebir y el Señor le otorgó un milagro, el fruto de este milagro fueron dos hijos gemelos llamados Jacob y Esaú (25:20,21). El periodo de embarazo de Rebeca fue complicado pues los hermanos peleaban desde el vientre, se disputaron la primogenitura desde el mismo parto, aunque Esaú nació primero, Jacob al nacer tenía su mano trabando el pie de Esaú; de ellos dos saldrían los pueblos de Edom e Israel respectivamente (25:22-26).


2. La primogenitura – La primogenitura era una bendición especial conferida por Dios al hijo de una familia para que este se convirtiera en el líder espiritual por medio del cual el Señor transmitía su voluntad y a través de su linaje vendría el Redentor del mundo. Quien recibía la primogenitura, tenía los siguientes beneficios: 1. Recibía comunicación especial con Dios. 2. Se constituía en sacerdote de su familia y ofrecía los sacrificios. 3. Recibía el privilegio de ser progenitor del Redentor del mundo. 4. Heredaba las siete promesas del pacto hecho a Abraham. 5. Le era conferida toda la herencia terrenal de su padre. La primogenitura también tenía los siguientes deberes para quien la recibía: 1. Se debía tener una vida religiosa dedicada al servicio del Señor. 2. Debía atesorar la ley del Señor y andar en camino de obediencia. 3. Todos los aspectos de la vida debían ser consultados al Señor. 4. Debía cumplir con las condiciones del pacto dado a Abraham como por ejemplo no emparentar con naciones idólatras (PP 175.4) (176.3).


3. La primogenitura en tiempos de Israel – Era tan importante la primogenitura que en tiempos cuando Israel fue constituido como nación, todo varón que abriera matriz en una familia debía ser consagrado al Señor, también de los animales; esto era un recordativo de la primogenitura espiritual la cual no necesariamente se le otorgaba al primer nacido en una familia sino a quien Dios eligiera por su carácter especial (Éxodo 13:2,12) (Levítico 27:26). Isaac pensaba que la primogenitura recaería sobre su primer hijo Esaú, porque, aunque este era gemelo con Jacob, había nacido primero. Pero Rebeca había consultado con Jehová y le fue profetizado que la primogenitura recaería sobre Jacob porque el Señor le dijo que “el mayor serviría el menor” (Génesis 25:23).


4. Esaú vende la primogenitura – La primogenitura era transferida oficialmente cuando el padre de familia pronunciaba la bendición especial para su hijo. Una vez pronunciada la bendición del padre, esta no podía deshacerse pues todo lo que hablamos con nuestra boca queda registrado en el cielo y no se puede borrar (Mateo 12:37) (Salmo 56:8). Esaú no amaba la devoción ni tenía inclinación por lo religioso, el pacto hecho con Abraham le resultaba odioso y restrictivo. Jacob, por el contrario, anhelaba la bendición de la primogenitura (PP 176.1). Un día Jacob le ofreció a su hermano comprarle la primogenitura a cambio de un plato de lentejas. Esaú había llegado cansado de su vida complaciente, despreció el valor de la primogenitura y aceptó el trato (Génesis 25:27-34).


5. Jacob el suplantador – Cuando llegó el momento de pronunciar la bendición de la primogenitura por parte de Isaac para su primogénito Esaú, la madre Rebeca se interpuso en la situación y mientras Esaú fue de caza para traer comida a su padre, Rebeca aprovechó el momento para decirle a Jacob que se hiciese pasar por su hermano gemelo Esaú y recibiera la bendición de su padre; como Isaac era ya de avanzada edad y no tenía vista podría fácilmente confundirlos. Finalmente, Jacob suplantó a su hermano y ese es el significado de su propio nombre. “Jacob” significa “suplantador” (Génesis 27).


6. De engañador a engañado – Jacob huyó a la tierra de su tío Labán por consejo de Rebeca pues Esaú quería matarlo por causa del engaño causado. Jacob trabajó en tierra de Harán durante 20 años para Labán, quien era un hombre codicioso. Jacob se enamoró de Raquel la hija menor de Labán y el padre propuso que Jacob debía trabajar durante 7 años para pagar la dote del matrimonio con Raquel. Cuando los 7 años se cumplieron, la hija mayor Lea en acuerdo con su padre se hizo pasar por Raquel y engañaron cruelmente a Jacob para que la tomara como esposa. Después del engaño Labán propuso a Jacob que trabajara otros 7 años y tendría a Rebeca como esposa, Jacob finalmente aceptó el trato. Labán se aprovechó mucho de Jacob durante los 20 años de trabajo, por ejemplo, le cambió 10 veces el salario. Sin embargo, Dios bendijo a Jacob quien trabajó y prosperó pacientemente (Génesis 29) (PP 187.2) (188.1).


7. De suplantador a vencedor – Cuando Jacob sale de casa de Labán para retornar a su tierra, un gran presentimiento aterra su alma, su hermano Esaú se aproxima hacia él con un ejército de 400 hombres. Jacob envía mensajeros para apaciguar la ira de su hermano, pero no es devuelta respuesta. Jacob recuerda la consecuencia de su pecado y entra en gran angustia y aflicción, decide pasar la noche en oración y ruego, manda a su familia al otro lado del rio Jaboc. A la media noche un hombre se acerca por la espalda y Jacob lleno de terror forcejea con el hombre con todas sus fuerzas para tratar de vencerlo, pero físicamente no puede. Al amanecer este hombre toca su muslo y se descoyunta su pierna de su cadera, Jacob con gran dolor físico y mental se da cuenta que está luchando con el Ángel de Jehová, es decir con el mismo Jesús. Jacob se aferra a la promesa de su Salvador y con llanto le dice: “no te soltaré hasta que me bendigas”. El Señor había probado su fe toda la noche y le fue concedido el perdón y la victoria, ya no era más un suplantador, le cambió el nombre a “Israel” que significa: “el que lucha con Dios”. Esta lucha de Jacob representa el tiempo de angustia que el pueblo de Dios tendrá que afrontar, la misma lucha espiritual deberá soportar durante la gran crisis que viene a la tierra y mucho más cuando no tengamos intercesor en el templo del cielo. Satanás tratará de aterrorizarnos en todas las formas, pero como Jacob debemos vencer nuestros pecados por medio de Cristo (Génesis 32 y 33) (Oseas 12:2-4) (PP Cap. 18). El poder divino unido al esfuerzo humano es la manera de obtener la victoria en esta tierra sobre nuestros pecados (Mensajes Selectos - Tomo 1, Página 440, párrafo 2).


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