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La Fe y la Justificación Romanos 3:28


1. El pecado – El pecado es esencialmente infracción de la Ley de Dios (1 Juan 3:4). La ley de Dios se compone de mandamientos, estatutos, testimonios, preceptos y juicios (Salmo 119:1-8 versión LBLA). Cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos (Mateo 5:19). Quien quebranta un punto de la ley se hace culpable de toda la Ley (Santiago 2:10). La práctica del pecado enferma físicamente a las personas (Salmo 38:3-5). Al pecado se le compara con una podrida llaga cancerosa que se esparce por todo el cuerpo (Isaías 1:6). Desde el vientre de nuestra madre nos es trasmitido por genética la naturaleza pecaminosa (Salmo 51:5), en la biblia a la naturaleza pecaminosa se le llama “la carne” (Gálatas 5:19-21). Por causa del pecado la naturaleza está enferma y ocurren catástrofes (Romanos 8:22) (Levítico 18:25). Nuestra estatura física y capacidad mental ha sido reducida con el transcurso de los años por causa del pecado, los antepasados eran mucho más inteligentes y longevos (Génesis 5:27) (Deuteronomio 3:11).


2. La Justicia – Lo opuesto a pecado es justicia (Romanos 6:13). El hombre por si mismo es incapaz de abandonar el pecado y abrazar la justicia perfecta según la Ley de Dios (Romanos 3:10). Jesús ya resolvió el problema del pecado del hombre y Él es el único en quien podemos ser salvos del pecado (Hechos 4:12). Jesucristo escondió su naturaleza divina en “la carne”, es decir, vino a este mundo en la misma naturaleza pecaminosa nuestra, y aunque estuvo sujeto a las mismas tentaciones, nunca pecó, cumplió la ley de Dios de forma perfecta, su justicia fue perfecta (1 Juan 4:3) (Hebreos 4:15). Como conclusión, la justicia es el cumplimiento de la ley de Dios y el pecado es la infracción de la Ley de Dios.


3. La fe – ¿Cómo logró Jesús una vida perfecta y sin pecado?, Obedeciendo estrictamente lo que su Padre le instruía, pero su Padre no estaba solamente en el cielo, sino que vivía en Jesús, es decir el Espíritu del Padre estaba literalmente dentro de la mente de Jesús. En el cuerpo carnal de Cristo moraba su propio Espíritu y el Espíritu del Padre (Juan 14:10,11). La comunión era perfecta y las obras perfectas, todo ocurría dentro de la mente de Jesús. El Hijo confiaba plenamente en el Padre y obedecía tanto lo que ya estaba escrito como lo que se le ordenaba, sin cuestionar y sin dudar, lo hacía con amor y gozo, no había ninguna barrera de desacuerdo entre el Padre y el Hijo; esto es fe.


4. La fe de Cristo – La fe de Cristo fue perfecta porque tuvo convicción de las cosas que no podía ver, tuvo certeza de las cosas que esperaba (Hebreos 11:1). Cristo no hacía obras para demostrar su fe, al contrario, hacía muchas obras cada día porque tenía fe (Santiago 2:17). Cristo no guardaba la ley para obtener puntos a su favor ante el Padre, guardaba la Ley porque el Espíritu del Padre estaba en su mente, guardaba la ley de forma natural, la ley estaba grabada en las tablas de su corazón (Salmo 40:8). Pero Cristo no nació con fe instantánea, nació como uno de nosotros y tuvo que instruirse en los caminos de su Padre celestial desde ceros, esta preparación física e intelectual duró toda su infancia y juventud hasta los 30 años (Lucas 2:40-46) (4:1-13) (3:23).

5. La fe de Cristo es la fe del creyente – La experiencia de Cristo con su Padre es la experiencia que Cristo quiere tener con nosotros. El ser humano por naturaleza desconfía de Dios, le tiene miedo y le huye. Dios por naturaleza ama al ser humano, lo busca y lo quiere conquistar (Génesis 3:8-10). Huimos de Dios por su santidad en contraste con nuestra pecaminosidad, desconfiamos de Dios y le tenemos miedo porque no le conocemos. Todo lo que dice Dios lo dudamos y lo cuestionamos. En conclusión, no tenemos fe (Mateo 8:26) y sin fe es imposible agradar a Dios (Hebreos 11:6). La única forma en que Dios nos puede convertir de hombres pecadores a hombres justos es por la fe (Romanos 3:28). Cristo quiere reproducir su fe en nosotros y vivir literalmente en nuestra mente a través de su Espíritu (Gálatas 2:20).


6. Como adquirir fe – “La fe es por el oír y el oír por la palabra” (Romanos 10:17), esto quiere decir que, si no conoces nada, primero debes conocer las cosas básicas de las escrituras. Si ya conoces algo, entonces agregas la oración. No repitas oraciones, eso es rezar, conversa con Dios sincera y abiertamente, repasa tu vida desde tu infancia, el Señor te irá recordando; repasa tus traumas, tus decepciones, cuéntale como te sentiste (Mateo 6:5-8). Pídele a Dios que se revele tu corazón, presta atención a los sueños que tengas en la noche (Salmo 4:4) (Joel 2:28) (Daniel 4:4). Aprende a diferenciar cuales son los sueños que Dios usa para comunicarte cosas, por ejemplo, si sueñas que robas algo, entonces en tu corazón eres un ladrón, no lo disimules, llora ante el Señor con confianza pidiéndole que te limpie, solo Él te ve y te purifica (Lucas 18:13). Conforme estudies la Ley del Señor te irás dando cuenta de lo contaminado que estás y podrás confesar tus pecados para solicitar el perdón. Forma el hábito de apartar diariamente tiempo para el estudio de la escritura, la oración y el canto de himnos. Al principio puedes dedicar unos minutos, conforme te enamores de Cristo querrás más tiempo (Mateo 26:40,41).


7. Más fe – Si ya haces todo lo anterior, aun no tienes fe como una semilla de mostaza, falta agregar el ayuno (Mateo 17:20,21). El ayuno no solamente es dejar de comer ocasionalmente para dedicarlo a la oración y estudio de la palabra (Lucas 4:2), es necesario además de lo anterior, dejar de comer las cosas que dañan nuestro cuerpo como las bebidas estimulantes, el azúcar, las carnes, los lácteos, reducir los almidones (Daniel 1:8-15); también incluye acostarse temprano, madrugar a conversar con el Señor, ayudar al necesitado, negarnos a nosotros mismos y aliviar las necesidades de nuestro prójimo comenzando con nuestra propia familia, por ejemplo ayudar con los quehaceres de la casa, ayudar a nuestro cónyuge, o nuestros padres y hacer todo esto sin esperar que nos feliciten. (Isaías 58:5-8), con el tiempo terminarás practicando esto todos los días. Recuerda, estás obrando para agradar al Señor aumentando tu fe, no para conseguir recompensas de parte de los hombres ni hacer méritos para Dios (Lucas 17:10). Si ya haces todo esto, es Jesús quien está obrando en ti, no eres tú porque ninguno es bueno (Marcos 10:18). ¿No tienes ganas de hacer todo esto?, pídele a Jesús que ponga en ti el querer como el hacer (Filipenses 2:13). Lee las páginas 261 a 267 de PVGM*.


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