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Las Doctrinas Antiguas y Vigentes 1 Timoteo 4:1


Muchos de los adventistas modernos no comprenden de donde surgieron las doctrinas que actualmente profesan creer o que les enseñaron a creer. Algo inquietante a tener en cuenta es que las declaraciones de fe que constituyen la doctrina adventista original han sufrido muchas modificaciones a lo largo de la historia y no han sido beneficiosas. Pero algo más sorprendente es que estos cambios estaban profetizados. Dejemos que la misma profeta del Señor nos muestre de donde surgieron las primeras declaraciones de fe de los Adventistas del Séptimo día del siglo 19.


“Muchos de nuestros hermanos no comprenden cuán firmemente han sido establecidos los fundamentos de nuestra fe. Mi esposo, el pastor José Bates, el papá Pierce, el pastor [Hiram] Edson y otros que eran perspicaces, nobles y leales, se contaban entre los que, después de pasar la fecha de 1844, escudriñaron en procura de la verdad como quien busca un tesoro escondido. Me reunía con ellos, y estudiábamos y orábamos fervientemente. Con frecuencia permanecíamos juntos hasta tarde en la noche, y a veces pasábamos toda la noche orando en procura de luz y estudiando la Palabra. Vez tras vez, esos hermanos se reunían para estudiar la Biblia a fin de que pudieran conocer su significado y estuvieran preparados para enseñarla con poder. Cuando llegaban al punto en su estudio donde decían: "No podemos hacer nada más", el Espíritu del Señor descendía sobre mí y era arrebatada en visión y se me daba una clara explicación de los pasajes que habíamos estado estudiando, con instrucciones en cuanto a la forma en que debíamos trabajar y enseñar con eficacia. Así se daba luz que nos ayudaba a entender los textos acerca de Cristo, su misión y su sacerdocio. Una secuencia de verdad que se extendía desde ese tiempo hasta cuando entremos en la ciudad de Dios me fue aclarada, y yo comuniqué a otros las instrucciones que el Señor me había dado.” (Mensajes Selectos, Tomo 1, Pág. 241, párrafo 1).


Como se puede apreciar el trabajo espiritual fue intenso y muy bendecido. ¿Se realizaría el mismo trabajo de oración y estudio tan intenso como el de los pioneros a la hora de modificar las declaraciones de doctrina originales? Estimado lector reflexione en lo que cree, si en verdad lo cree de corazón por un estudio personal de la palabra de Dios y no por un adoctrinamiento superficial o de rutina.


“Los últimos cincuenta años, no han empañado ni una jota ni un principio de nuestra fe tal como la recibimos, con las grandes y maravillosas evidencias que nos dieron seguridad en 1844, después de transcurrida la fecha. Las almas que languidecen deben ser afianzadas y vivificadas por la Palabra de Dios. . . Ni una sola palabra ha sido cambiada o anulada. Lo que el Espíritu Santo testificó que era la verdad después de transcurrida la fecha del gran chasco, es el fundamento sólido de la verdad. Fueron revelados los pilares de la verdad y aceptamos los principios fundamentales que han hecho de nosotros lo que somos: adventistas del séptimo día, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen la fe de Jesús.” (Alza tus ojos, p. 350, párrafo 4) (Extracto de la carta 326 de 1905)

Si en 1905 cuando la profeta del Señor dio esta declaración ya estaban los pilares de la fe sólidos y habían resistido por más de cincuenta años, ¿por qué entonces han sido modificados?, ¿quizá no son políticamente correctos?, o más bien, ¿será que estos cambios son cumplimiento de la siguiente profecía?:

“El enemigo de las almas ha procurado introducir la suposición de que había de realizarse una gran reforma entre los adventistas del séptimo día, y que esa reforma consistiría en renunciar a las doctrinas que están en pie como las columnas de nuestra fe y que había de comenzar un proceso de reorganización. Si se efectuara esta reforma, ¿qué resultaría? Los principios de verdad que Dios en su sabiduría ha dado a la iglesia remanente serían descartados. Sería cambiada nuestra religión. Los principios fundamentales que han sostenido la obra durante los últimos cincuenta años serían considerados como error. Se establecería una nueva organización. Se escribirían libros de una nueva orientación. Se introduciría un sistema de filosofía intelectual. Los fundadores de ese sistema irían a las ciudades y harían una obra maravillosa. Por supuesto, se tendría poco en cuenta el sábado y también al Dios que lo creó. No se permitiría que nada se interpusiera en el camino del nuevo movimiento. Los dirigentes enseñarían que la virtud es mejor que el vicio, pero habiendo puesto de lado a Dios, resolverían depender del poder humano, que no tiene valor sin Dios. Su fundamento estaría edificado sobre la arena, y la tormenta y la tempestad barrerían la estructura.” (Mensajes Selectos, Tomo 1, Pág. 238, párrafo 3) (Ver también)

No es de extrañar entonces, cual es la razón de la pobre condición espiritual de la iglesia y de cómo pisoteamos el Santo día Shabat, pensando que las variadas celebraciones y los entretenimientos que deambulan en las iglesias adventistas constituyen la verdadera observancia del Shabat. También fue profetizado que cuando murieran todos los pioneros, se introducirían opiniones erróneas y engaños peligroso (“Cada día con Dios”, pág. 124, párrafo 2) y esta profecía se cumplió en 1931 fecha en que se cambiaron por primera vez las declaraciones de fe, recuerde que una sola palabra sutilmente introducida, puede alterar la intención original. Invitamos al lector a revisar cuidadosamente las 28 declaraciones de fe originales que se incluyen en la presente edición y que fueron publicadas, 25 de ellas en la primera edición de la revista “Signs of the Times” de 1874 y posteriormente las 28 completas en el anuario oficial de 1889.


1. Que hay un solo Dios, un ser personal, espiritual, el creador de todas las cosas, omnipotente, omnisciente y eterno; Infinito en sabiduría, santidad, justicia, bondad, verdad y misericordia; Inmutable, y presente en todas partes por su representación, el Espíritu Santo. Salmo 139:7


2. Que hay un solo Señor Jesucristo, el Hijo del Padre Eterno, el único por quien creó todas las cosas, y por quien existen; que tomó sobre él la naturaleza de la simiente de Abraham para la redención de nuestra raza caída; que habitó entre los hombres, lleno de gracia y verdad, vivió nuestro ejemplo, murió nuestro sacrificio, fue resucitado para nuestra justificación, ascendió a lo alto para ser nuestro único mediador en el santuario en el cielo, donde, a través de los méritos de su sangre derramada, obtiene el perdón y la redención de los pecados de todos los que se acercan penitentemente a él; y en la parte final de su obra como sacerdote, antes de que tome su trono como rey, hará la gran expiación por los pecados de todos ellos, y sus pecados serán borrados (Hechos 3:19) y llevados lejos del santuario, como se muestra en el servicio del sacerdocio levítico, que es sombra y figura del ministerio de nuestro Señor en el cielo. Levítico 16, Hebreos 8:4,5 9:6,7


3. Que las Sagradas Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento fueron inspiradas por Dios, contienen una revelación completa de su voluntad al hombre y son la única regla infalible de fe y práctica.


4. Que el bautismo es una ordenanza de la iglesia cristiana, que sigue a la fe y el arrepentimiento, una ordenanza por la cual conmemoramos la resurrección de Cristo, ya que mediante este acto mostramos nuestra fe en su muerte y resurrección, y a través de este acto, en la resurrección de todos los santos en el último día; y que ningún otro modo representa mejor estos hechos que el que prescriben las Escrituras, a saber, la inmersión. Romanos 6:8-5; Colosenses. 2:12.


5. Que el nuevo nacimiento comprende todo el cambio necesario para ser aptos en el reino de Dios, y consta de dos partes; primero, un cambio moral producido por la conversión y una vida cristiana (Juan 3: 3, 51); segundo, un cambio físico en la segunda venida de Cristo, por el cual, si estamos muertos, somos resucitados incorruptibles y, si vivimos, somos cambiados a la inmortalidad en un momento, en un abrir y cerrar de ojos. Lucas 20: 36; 1 Corintios 15: 51, 52.


6. Que la profecía es parte de la revelación de Dios al hombre; está incluida en esa Escritura, es útil para la instrucción (2 Timoteo 3: 16); que está diseñada para nosotros y nuestros hijos (Deuteronomio. 29: 29); que lejos de estar envuelta en un misterio impenetrable, es lo que constituye especialmente la palabra de Dios, una lámpara a nuestros pies y una luz en el camino (Sal. 119: 105; 2 Pedro 1:19); que se pronuncia una bendición sobre los que la estudian (Ap. 1: 1 -3); y que, en consecuencia, debe ser comprendida por el pueblo de Dios lo suficiente como para mostrarles su posición en la historia del mundo y los deberes especiales que se requieren de sus manos.


7. Que la historia del mundo a partir de fechas específicas en el pasado, el surgimiento y la caída de los imperios y la sucesión cronológica de eventos hasta el establecimiento del reino eterno de Dios, se resumen en numerosas cadenas proféticas; y que estas profecías ahora se cumplen, excepto las escenas finales.


8. Que la doctrina de la conversión del mundo y un milenio temporal es una fábula de estos últimos días, pensada para calmar a los hombres en un estado de seguridad carnal y hacer que sean alcanzados por el gran día del Señor que será como ladrón en la noche (1 Tes. 5: 3); que la segunda venida de Cristo precede y no sigue al milenio; porque hasta que aparezca el Señor, el poder papal, con todas sus abominaciones, va continuar (2 Tes. 2: 8), el trigo y la cizaña crecen juntos (Mat. 13: 29, 30, 39), y los hombres malvados y seductores se volverán cada vez peor, como lo declara la palabra de Dios. 2 Timoteo 3: 1, 13.


9. Que el error de los Adventistas, de 1844, estuvo relacionado a la naturaleza del evento que estaba por ocurrir y no al periodo de tiempo profético; que ningún periodo profético se ha dado para predecir el segundo advenimiento, sin embargo, el periodo profético más extenso que es el de los 2300 días de Daniel 8:14, finalizo en ese año y nos llevó a un nuevo evento llamado la purificación del Santuario.


10. Que el santuario del nuevo pacto es el tabernáculo de Dios en el cielo, del cual habla Pablo a partir de Hebreos 8, y del cual nuestro Señor, como gran sumo sacerdote, es ministro; que este santuario es el antitipo del tabernáculo mosaico, y que la obra sacerdotal de nuestro Señor, relacionada con el mismo, es el antitipo de la obra de los sacerdotes judíos de la dispensación anterior (Hebreos 8: 1-5, etc.); que este, y no la tierra, es el santuario que se limpiará al final de los dos mil trescientos días, lo que se denomina su purificación, siendo en este caso como en el tipo, simplemente la entrada del sumo sacerdote en el lugar santísimo, para terminar la obra de servicio conectada con este, haciendo la expiación y retirando del santuario los pecados que le habían sido transferidos por medio de la ministración en el primer departamento (Levítico 16; Hebreos 9: 22, 23); y que este trabajo en el antitipo, que comienza en 1844, consiste en borrar realmente los pecados de los creyentes (Hechos 3:19), y ocupa un espacio de tiempo breve pero indefinido, al final del cual la obra de misericordia para el mundo estará terminada, y tendrá lugar el segundo advenimiento de Cristo.


11. Que los requisitos morales de Dios son los mismos para todos los hombres en todas las dispensaciones; que estos están resumidos en los mandamientos pronunciados por Jehová desde el Sinaí, grabados en las tablas de piedra y depositados en el arca, que en consecuencia se llamó el "arca del pacto" o testamento (Números 10: 33; Hebreos 9: 4, etc.), que esta ley es inmutable y perpetua, siendo una transcripción de las tablas depositadas en el arca en el verdadero santuario en lo alto, lo que también se llama, por la misma razón, el arca del pacto de Dios; porque bajo el sonido de la séptima trompeta se nos dice que "el templo de Dios fue abierto en el cielo, y se vio en su templo el arca de su pacto". Apocalipsis 11:19.


12. Que el cuarto mandamiento de esta ley requiere que dediquemos el séptimo día de cada semana, comúnmente llamado sábado, a la abstinencia de nuestro propio trabajo y al cumplimiento de los deberes sagrados y religiosos; que este es el sábado semanal conocido por la Biblia, siendo el día que se apartó antes de que se perdiera el Edén (Génesis 2: 2, 3), y que se observará en el Edén restaurado (Isaías 66: 22, 23) ; que los hechos en los que se basa la institución sabática lo confinan al séptimo día, ya que no son ciertos en ningún otro día; y que los términos “Sábado judío”, como se aplican al séptimo día, y “Sábado cristiano”, como se aplican al primer día de la semana, son nombres de invención humana, de hecho no bíblicos y de significado falso.


13. Que, como el hombre de pecado, el papado, ha pensado en cambiar los tiempos y las leyes (la ley de Dios, Daniel 7: 25), y ha engañado a casi toda la cristiandad con respecto al cuarto mandamiento, encontramos una profecía de una reforma a este respecto que se debe hacer entre los creyentes justo antes de la venida de Cristo. Isaías. 56: 1, 2; 1 Pedro 1: 5; Apocalipsis 14:12.


14. Que los seguidores de Cristo deberían ser un pueblo peculiar, que no sigan las estándares ni se ajusten a los caminos del mundo; no amar sus placeres ni tolerar sus locuras; en la medida en que el apóstol dice que "quienquiera que sea" en este sentido, "un amigo del mundo, es enemigo de Dios" (Santiago 4: 4); y Cristo dice que no podemos tener dos amos o, al mismo tiempo, servir a Dios y mamón. Mateo 6: 24.


15. Que las Escrituras insisten en la sencillez y la modestia de la vestimenta como una marca prominente de discipulado en aquellos que profesan ser los seguidores de Aquel que fue "manso y humilde de corazón", que el uso de oro, perlas y adornos costosos, o todo lo que se diseñe simplemente para adornar a la persona y fomentar el orgullo del corazón natural, debe ser descartado, de acuerdo con las escrituras tales como 1 Timoteo 2: 9, 10; 1 Pedro 3: 3, 4.


16. Que los medios para el apoyo económico a la obra evangélica entre los hombres debe ser por amor a Dios y el amor a las almas, no creado por las loterías en la iglesia, u ocasiones diseñadas para contribuir a las propensiones del pecador, amantes de la diversión y el apetito, como las ferias, festivales, cenas, té, piñatas y locuras sociales, etc., que son una desgracia para la profesa iglesia de Cristo; que la proporción del ingreso que uno requiere en las dispensaciones anteriores no puede ser menor en el Evangelio; que es lo mismo que Abraham (cuyos hijos somos, si somos de Cristo, Gálatas 3: 29) pagados a Melquisedec (tipo de Cristo) cuando le dio una décima parte de todo (Hebreos 7: 1-4); el diezmo es del Señor (Lev. 27:30); y esta décima parte de los ingresos de uno también se complementa con ofrendas de los que pueden, para el apoyo del evangelio. 2 Corintios 9: 6; Malaquías 3: 8, 10.


17. Que como el corazón natural o carnal está en enemistad con Dios y con su ley, esta enemistad puede ser dominada solo por una transformación radical de los afectos, el intercambio de lo impío por los principios santos; que esta transformación sigue al arrepentimiento y la fe, es la obra especial del Espíritu Santo y constituye la regeneración o conversión.


18. Que, como todos han violado la ley de Dios, y no pueden por sí mismos obedecer sus justos requisitos, dependemos de Cristo, primero, para la justificación de nuestras faltas pasadas, y, en segundo lugar, de la gracia por la cual debemos rendir una obediencia aceptable a su santa Ley de ahí en adelante.


19. Que se prometió el Espíritu de Dios para que este mismo se manifestara en la iglesia a través de ciertos dones, enumerados especialmente en 1 Corintios 12 y Efesios 4; que estos dones no están diseñados para reemplazar, o tomar el lugar de la Biblia, que es suficiente para hacernos sabios para la salvación, como tampoco puede la Biblia tomar el lugar del Espíritu Santo; que, al especificar los diversos canales de su operación, que el Espíritu simplemente ha hecho provisión para su propia existencia y presencia con el pueblo de Dios hasta el fin de los tiempos, para llevar a un entendimiento de esa palabra que este ha inspirado, para convencer de pecado, y para obrar una transformación en el corazón y en la vida; y que aquellos que niegan al Espíritu su lugar y operación, niegan claramente esa parte de la Biblia que le asigna este trabajo y posición.


20. Que Dios, de acuerdo con su trato uniforme con la raza humana, envía una proclamación del acercamiento del segundo advenimiento de Cristo; y que esta obra está simbolizada por los tres mensajes de Apocalipsis 14, el último mensaje que trae una obra de restauración basada en la ley de Dios, para que su pueblo pueda adquirir una preparación completa para ese evento.


21. Que el tiempo de la purificación del santuario (ver proposición X), se sincroniza con el tiempo de la proclamación del tercer mensaje (Apocalipsis 14: 9, 10), es un tiempo de juicio investigativo, primero, con referencia a los muertos, y en segundo lugar, al final del tiempo de prueba, con referencia a los vivos, para determinar quiénes de las miríadas que duermen ahora en el polvo de la tierra son dignos de participar en la primera resurrección, y quiénes de sus multitudes vivientes son dignos de la traslación, puntos que deben determinarse antes de que aparezca el Señor.


22. Que el sepulcro, adonde todos vamos cuando morimos, expresado por la palabra hebrea Sheol, y el termino griego Hades, es un lugar de oscuridad en el que no existen obras, estratagemas, sabiduría ni conocimiento. Eclesiastés 9: 10.


23. Que el estado al que somos reducidos por la muerte es uno de silencio, inactividad y un completo estado de inconciencia. Salmo 146:4; Eclesiastés 9:5, 6; Daniel 12:2

24. Que fuera de esta aprisionada morada del sepulcro la humanidad será traída de vuelta por una resurrección corporal; los justos tendrán parte en la primera resurrección, la cual toma lugar en el segundo advenimiento de Cristo y los impíos en la segunda resurrección, la cual toma lugar después del milenio. Apocalipsis 20:4-6


25. Que, en la última trompeta, los justos vivos serán mudados en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, y con los justos resucitados deben ser arrebatados para encontrarse con el Señor en el aire, y así para siempre con el Señor. 1 Tesalonicenses. 4: 16, 17; 1 Corintios 15: 51, 52.


26. Que estos inmortalizados son entonces llevados al cielo, a la Nueva Jerusalén, la casa del Padre, en la que hay muchas mansiones (Juan 14: 1-3), donde reinan con Cristo mil años, juzgando al mundo y a los ángeles caídos, es decir, asignando el castigo que se ejecutará sobre ellos al final de los mil años (Apocalipsis 20: 4; 1 Corintios 6: 2, 3); que durante este tiempo la tierra se encuentra en una condición desolada y caótica (Jeremías 4: 23-27), descrita, como en el principio, por el término griego “dbussos”, traducido "abismo" (Génesis 1: 2 versión Septuaginta); y que Satanás será confinado en ella durante los mil años (Ap. 20: 1, 2), y finalmente destruido allí (Apocalipsis 20:10; Malaquías 4: 1); El escenario de la ruina que tanto se esmeró por crear en el universo, le es dejada por un tiempo como prisión para ser finalmente destruido en esta.


27. Que al final de los mil años, el Señor desciende con su pueblo y la Nueva Jerusalén (Apocalipsis 21: 2), los impíos muertos resucitan y suben a la superficie de la tierra aún no renovada, y se reúnen alrededor de la ciudad, el campamento de los santos (Apocalipsis 20: 9), y el fuego desciende de Dios del cielo y los devora. Luego se consumen, raíz y rama (Mai. 4: 1), volviéndose como si no hubieran sido. Abdías. 15.


16. En esta destrucción eterna de la presencia del Señor (2 Tes. 1: 9), los malvados se enfrentan al "castigo eterno" amenazado contra ellos (Mat. 25:46), que es la muerte eterna. Romanos 6: 23; Apocalipsis 20: 14, 15. Esta es la perdición de los hombres impíos, el fuego que los consume es el fuego para el cual “los cielos y la tierra, que son ahora … están guardados ", que se fundirá incluso los elementos con su intensidad y purgará la tierra de las manchas más profundas de la maldición del pecado. 2 Pedro 3: 7-12.


28. Que nuevos cielos y una nueva tierra brotarán por el poder de Dios de las cenizas de la vieja, y esta tierra renovada, con la Nueva Jerusalén por su metrópoli y capital, será la herencia eterna de los santos, el lugar donde los justos siempre morarán. 2 Pedro 3: 13; Salmo 37: 11, 29; Mateo 5: 5.

En la foto se aprecia la primera edición de la revista “Signs Of the Times” donde se publicó por primera vez una declaración de la fe adventista. Cabe mencionar que James White escribió en este artículo que la intención de estas declaraciones nunca fue crear un credo ni medir la membresía de la gente a través de este credo, tampoco la intención fue crear uniformidad de pensamiento entre los miembros, ya que la única regla de autoridad siempre se basará en las sagradas escrituras y no en un credo. En las fotos de abajo aparece el anuario de la Conferencia General de 1889 donde se publicarían las 28 declaraciones de fe que se mantuvieron inalterables hasta 1931.

http://documents.adventistarchives.org/Periodicals/ST/ST18740604-V01-01.pdf http://documents.adventistarchives.org/Yearbooks/YB1889.pdf


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