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Las Santas Escrituras – parte 2 - 2 Timoteo 3:15-17


1. Los idiomas bíblicos – El primer idioma de la Escritura fue hebreo antiguo, no tenía sonidos vocálicos, es como en español remover las vocales a las palabras, solo se puede saber la pronunciación a través de la tradición oral, y esto fue lo que sucedió con el hebreo antiguo. Hasta el siglo VI unos escribas judíos llamados masoretas, configuraron las vocales en el hebreo, dando forma al actual hebreo. Sin embargo, en la época del exilio Babilónico, los Judíos comenzaron a hablar arameo ya que era la lengua más difundida y universal de la época, de esta forma el arameo llegaría hacer parte de los escritos inspirados, por ejemplo, el libro de Daniel ya cuenta con fragmentos escritos en arameo. Cuando llega el imperio de Alejandro Magno, se reconfigura la cultura mundial y el idioma universal llega a ser el griego, y los judíos también comienzan a hablar griego. El idioma hebreo pasa a ser usado únicamente en las actividades religiosas. Cuando llega la época del Mesías, el arameo es usado ampliamente entre judíos, el griego es el idioma universal, el hebreo sigue siendo usado en el contexto religioso y los romanos estarían usando el latín entre ellos. Jesús usaría sin problema 3 o 4 idiomas, sin embargo, la mayoría de los discursos públicos para su nación los haría en arameo.


2. La Septuaginta – Se ha dicho en la primera parte que no se cuenta con los escritos originales del puño y letra de los autores bíblicos, pero se han obtenido copias antiguas de los manuscritos inspirados. La palabra de Dios era celosamente guardada en el templo y administrada por los sumo sacerdotes y escribas. La palabra no se leía, solo se escuchaba, por eso el hebreo carecía de sonidos vocálicos. La evidencia dice que hasta el siglo III AC se crea la primera biblia para el mundo; por medio de la biblioteca de Alexandria, se gesta el más ambicioso proyecto que culminaría en la biblia llamada “Septuaginta” o en su forma abreviada LXX, ya que fueron alrededor de 70 traductores judíos que iniciaron el proyecto con el patrocinio del rey griego en Egipto Ptolomeo II; el proyecto duraría hasta finales del siglo II. Probablemente fue esta biblia la que usaron los “sabios del oriente” para conocer las profecías mesiánicas por las cuales llegaron hasta belén para conocer al bebé redentor del mundo. Lo que si se puede decir con certeza es que la Septuaginta fue la biblia que usó el mundo en la época de Cristo y la que usaron los apóstoles en las iglesias cristianas de los primeros siglos.


3. El texto masorético y la Vulgata – Por su parte los rabinos judíos de los primeros siglos rechazaron al Mesías y a la Septuaginta, ellos crearon su propia versión de las escrituras; los llamados masoretas, herederos de la tradición de los escribas, configuraron el hebreo y decidieron en concilios cuales libros eran inspirados y cuales porciones de las escrituras eran las correctas y así nació el llamado “texto masorético”, para hacerlo más simple, el texto masorético es la biblia de los judíos. Cuando surge el catolicismo, llega otra biblia que dominaría el mundo occidental por más de 1000 años. Jerónimo de Estridón en el siglo IV configura la llamada biblia Vulgata en el idioma heredado del imperio romano, el latín. En el concilio de Roma del año 382 se configura el canon oficial de libros que harán parte de la Vulgata. Las iglesias que se separarían de Roma como la iglesia de Etiopía, la iglesia copta y la iglesia ortodoxa configurarían cada una sus propias biblias, variando en la lista de libros aceptados como inspirados.

4. Llega la reforma – Las biblias de todos lo reformadores se basan en el canon católico, pero tomando solo los libros de la biblia de los judíos (texto masorético), los demás libros se considerarían no inspirados y se incluirían en una sección aparte. Martín Lutero en su primera biblia en Alemán tenía en baja estima los libros de Ester, Hebreos, Santiago, Judas y Apocalipsis y los dejó en la sección de apócrifos. Con el tiempo cambió su visión sobre algunos de estos libros. La Septuaginta quedaría como un recuerdo para los eruditos, hasta que en 1947 se descubren los famosos rollos del mar muerto, escritos por los llamados esenios, allí se atestigua que la Septuaginta usó para su traducción textos hebreos aún más antiguos que aquellos que disponían los masoretas para configurar su biblia. Se encontraron además muchos libros que eran considerados autoridad para los esenios y que actualmente se consideran apócrifos.


5. La biblia de los pioneros – La biblia usada por los primeros adventistas alrededor de 1844 fue la biblia King James, las ediciones tempranas de esta biblia inglesa incluía un listado de libros apócrifos. Guillermo Miller usó textos apócrifos en sus cartas y en la primera visión de Ellen White publicada en un folleto, su esposo James White incluyó varios pasajes de libros apócrifos como 2 de Esdras y Sabiduría para acompañar el relato de la visión (ver libro en inglés “A Word to the Little Flock”, ed. 1847, Pág. 2, 3, 19, 20). Ellen White no volvió a incluir citas de libros apócrifos, pero si existe una palabra inspirada respecto a los apócrifos.: “Entonces vi la Palabra de Dios pura y sin adulterar, y que debemos responder por la manera en que recibimos la verdad proclamada de esa Palabra. Vi que esta había sido un martillo para romper el duro corazón en pedazos, y un fuego para consumir la escoria y la viruta, para que el corazón sea puro y santo. Vi que los Apócrifos eran el libro oculto, y que los sabios de estos últimos días deberían entenderlo. Vi que la Biblia era el libro estándar, que nos juzgará el último día.” (Ms 4 de 1850, párrafo 13).


6. Reflexiones – La anterior declaración deja en claro que la única biblia pura y sin adulterar se encuentra en el cielo, también deja en claro que seremos juzgados únicamente por la versión de la biblia que hayamos recibido. Pero también la anterior declaración deja abierta la posibilidad de que algunos apócrifos se dejaron por fuera del canon y los sabios de los últimos días tienen el derecho a consultarlos y formarse su propio criterio. Un testigo ocular de esta visión (ya que ocurrió en una reunión pública), recoge las palabras exactas que la mensajera del Señor usó en aquella ocasión: ”(Tomando la gran Biblia que contiene los apócrifos) Pura y sin mancha, una parte de ella es consumida, santa, santa, camina con cuidado, tentada. La Palabra de Dios, tómala (Marion Stowell), átala en tu corazón, pura y sin adulterar. Qué hermoso, qué hermoso, qué hermoso. Mi sangre, Mi sangre, Mi sangre. Oh, hijos de la desobediencia, reprobados, reprobados. Tu palabra, tu palabra, tu palabra, una parte de ella se quema sin adulterar, una parte del libro oculto, una parte de ella se quema (la apócrifa).” (Ms 5 1849, párrafo 7). Por nuevas clausulas en sus políticas, en 1828 las sociedades bíblicas retiraron la financiación para la impresión y difusión de Biblias que incluyeran apócrifos. Forme cada uno su propio criterio guiado por el Señor y no repitamos lo que otros dicen.


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